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Mar

Tres elementos


Luego de tener durante varios años este lote en la sabana de Bogotá, los propietarios decidieron que era momento de construir. Se acercaba su jubilación y querían un lugar tranquilo para residir, donde el verde predominara y pudieran acoger cómodamente las visitas de sus tres hijos con sus respectivas familias. Un primer intento de construcción, donde establecieron columnas y cimentación con forma de “L” –el terreno tiene forma de trapecio–, fue descartado. El diseño no era lo que esperaban. Con ese camino recorrido, acudieron a la firma capitalina Arquitectura en Estudio en busca de una propuesta nueva y definitiva. “Partimos de esa ‘L’ y la intervinimos. Terminamos de cerrar la casa para generar un patio interior y, a la vez, que todo girara a su alrededor. La zona social, que en los diseños originales tenía una sola altura, la llevamos a doble y dejamos ese puente en la mitad del ambiente”, explica el arquitecto bogotano Camilo Garavito, uno de los fundadores de la empresa junto al también arquitecto Carlos Núñez.

En la propuesta de Arquitectura en Estudio, construida por 7 Sentidos, la persona ingresa por la parte más angosta del lote, ya sea por el sendero vehicular o por el camino de piedra muñeca, iluminado pieza por pieza, para que cada lámina parezca flotar. Una puerta hecha con listones de madera teca –enmarcada en un cuadrado de concreto visto color ocre– permite el ingreso al jardín interior, “donde no sabes si estás adentro o afuera. Debes cruzarlo en medio de un espejo de agua y vegetación nativa para, finalmente, llegar a la zona social”.

El patio interior sirve de transición entre la robusta fachada de ladrillo y la zona social de doble altura. Allí, un enorme puente, que conecta las dos áreas del segundo nivel –el estudio del propietario y la sala de televisión–, se convierte en un elemento protagónico dentro de la propuesta. No se trata de un simple enlace entre dos áreas. Es un objeto escultural de generosas dimensiones. “Es un remate de la placa preexistente, la cual rompimos para crear esa doble altura en la zona social”. Para matizar un poco su aspecto, una trabajada celosía de madera lo envuelve por completo.

La escalera, que conduce al segundo nivel, está enchapada en piedra –como si de una alfombra se tratara–, con bordes de madera, y sus barandas tienen una luz lineal para darle una apariencia más liviana. Debido a que sus propietarios están en su etapa de retiro, las cuatro habitaciones fueron ubicadas en el primer piso para mayor comodidad, así no utilizan mucho las escaleras. En este nivel, un elemento oculto demuestra una ingeniosa solución de diseño, se trata de las puertas de la cocina, las cuales tienen un sistema de apertura en acordeón que copia la forma modular de todo el muro de doble altura para mimetizarse. Y, en efecto, son prácticamente imperceptibles.

Los dos ambientes en el segundo nivel tienen relación tanto con la panorámica hacia las montañas como con la vista hacia el lago. Por ello gran parte de su fachada es de vidrio. Solo la parte del puente presenta la celosía de madera. “El concepto de la casa es que el basamento de ladrillo se vea bastante sólido y pesado, y el piso superior, muy ligero, por eso el techo es una placa de concreto delgada –en especial en los bordes– que parece flotar”.

Con un área de 680 metros cuadrados, la casa presenta un sistema bioclimático consistente en muros dobles para separarla del exterior y, además, está levantada del piso a través de un aislamiento. Estas medidas generan un clima interior confortable sin necesidad de recurrir a calefacciones. Así, utilizando materiales honestos como el ladrillo, la madera y el concreto, los arquitectos crearon una vivienda que aprovecha las vistas sobre el paisaje –en especial en su segundo nivel– y que en cada recorrido sorprende a sus visitantes.

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